El esgrafiado tradicional no es un recurso decorativo superficial ni un acabado añadido al final de la obra. Es una técnica que exige conocimiento del material, control del tiempo y una ejecución precisa sobre un soporte adecuado.
Durante siglos se ha empleado para proteger,
ordenar y enriquecer las fachadas, utilizando los mismos morteros de cal
que conformaban el revoco, sin añadidos ni artificios. Su durabilidad no
depende del dibujo, sino de la correcta relación entre capas, soporte y
tiempos de trabajo.
Qué es
realmente un esgrafiado
Un esgrafiado es un revoco de varias
capas de mortero de cal, aplicado en fresco, en el que se elimina
parcialmente la capa superior para dejar visible la inferior, generando un
dibujo por contraste de color y textura.
No es un revestimiento añadido ni un
grabado posterior.
El dibujo nace del propio revoco, no se superpone a él.
El
soporte: condición previa indispensable
Antes de hablar de capas y dibujos, hay
que hablar del muro.
Un esgrafiado solo funciona correctamente sobre un soporte:
- estable,
- limpio,
- compatible con morteros de cal,
- y correctamente humectado.
Las capas
del esgrafiado tradicional
Aunque existen variantes locales, el
esquema tradicional más habitual en nuestra zona se compone de dos o tres
capas, todas ellas de cal o argamasas confeccionadas con cal aérea y
diferentes áridos.
1. Capa
base o de regularización
Es la capa que:
- corrige irregularidades,
- homogeneiza el soporte,
- y recibe el resto del sistema
Debe tener:
- buena adherencia,
- espesor suficiente, puede variar de 1 a 2,5 cm dando
planeidad al paño,
- y un fratasado firme, pero no cerrado en exceso. Mejor
con fratás de madera.
Sobre esta capa se trabaja todo el
conjunto.
2. Capa de
fondo (capa vista inferior)
Es la capa que quedará visible tras el
esgrafiado.
Su color se consigue mediante:
- arenas seleccionadas, de granulometría media, criba
3,2 mm,
- tierras naturales, las arenas pueden tener ya color,
- o pigmentos minerales compatibles con la cal bien
mezclados.
Debe aplicarse:
- de forma uniforme, en cantidad de mortero, de distancia
y de fuerza,
- con un fratasado cuidado,
- y con el espesor suficiente para soportar la posterior incisión, de 10 mm a 15 mm
3. Capa
superior o capa de sacrificio
Es la capa que se eliminará parcialmente
para generar el dibujo.
Suele ser:
- algo más fina, 1 a 3 mm
- de color y textura contrastadas con la inferior,
generalmente blanco de cal
- y aplicada inmediatamente antes del trabajo de
esgrafiado.
Su función no es proteger, sino permitir
el dibujo sin comprometer el conjunto del revoco, dividiendo los paños y
favoreciendo la eliminación de tensiones.
El tiempo:
el factor decisivo
El éxito de un esgrafiado depende en
gran medida del momento exacto de intervención.
Si se empieza demasiado pronto:
- los morteros se deforman,
- los bordes se desmoronan,
- el dibujo pierde precisión.
Si se empieza demasiado tarde:
- el mortero endurece,
- el corte se vuelve impreciso, y de arista difusa
- se dañan las capas inferiores.
El tiempo de espera varía según:
- tipo de cal,
- granulometría,
- condiciones ambientales,
- absorción del soporte
- y espesor de las capas.
No hay relojes universales: el
material avisa. Cuando el corte no deja rebaba en el corte.
Herramientas
y gesto
Las herramientas tradicionales son
sencillas:
- punzones, brochas
- estiletes, cuchillas
- paletas adaptadas, fratás
- reglas y plantillas.
- la firmeza del gesto,
- la continuidad del trazo y uniformidad del raspado
- y el respeto al espesor de la capa inferior.
Un esgrafiado no se “rasca”: se corta
con decisión y control de trazo y profundidad.
Curado y
protección
Una vez terminado el dibujo, el conjunto
debe:
- protegerse del sol directo,
- mantenerse húmedo,
- y dejar que la carbonatación se produzca lentamente.
Un mal curado arruina incluso el mejor
esgrafiado.
Sin secretismos,
pero con oficio
El esgrafiado tradicional no tiene
secretos ocultos. Tiene:
- técnica,
- tiempos,
- y criterio.
Lo que marca la diferencia no es el
diseño, sino el conocimiento del material y el respeto por el proceso completo.
Los trazados sobre monocapa son imitaciones poco agraciadas, y sobre morteros
con cemento dificultan un buen dibujo apareciendo dibujos muy astillados
marcados con clavo. También es común utilizar pintura para imitar antiguos
esgrafiados e incluso pintar los existentes unificando las texturas del plano
superior y el fondo perdiendo la percepción de relieve que aporta el esgrafiado
tradicional.
Conclusión
Un esgrafiado bien ejecutado no es un
adorno añadido, sino una forma de construir el revoco. Cuando se
respetan las capas, los tiempos y el soporte, el resultado es duradero, legible
y coherente con la arquitectura que lo acoge.
El resto —dibujos, motivos y estilos—
viene después.







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