EL ESGRAFIADO DESAPARECIDO DE LA ERMITA DE HORCAJO DE MONTEMAYOR
Arquitectura,
tipografía y tradición en la Sierra de Béjar
Vista frontal antigua de la ermita
En la ermita de Horcajo de Montemayor,
al sur de la provincia de Salamanca, existió hasta fechas recientes un esgrafiado
sobre revoco de cal que, aunque fragmentario, permitía reconocer con claridad
una tradición constructiva y decorativa profundamente arraigada en la
arquitectura rural del oeste peninsular.
Situada en un entorno abierto y
vinculada al paisaje agrario, la ermita presenta una tipología sencilla pero
bien definida: un volumen prismático de fábrica de granito, precedido por un
pórtico abierto sostenido por columnas también de piedra, que actúa como
espacio de transición entre el exterior y el ámbito devocional.
Lectura cronológica del conjunto
El
pórtico: estructura y lenguaje arquitectónico
El elemento más significativo del
conjunto es el pórtico frontal. Se compone de columnas de fuste cilíndrico en
granito, con capiteles de talla sencilla, de tradición popular, alejados de
órdenes clásicos estrictos, pero con una clara voluntad compositiva. Los capiteles, de clara tradición
tardomedieval, responden a un trabajo de cantería popular, ajeno a los órdenes
académicos. La ermita presenta un pórtico de tradición constructiva anterior,
probablemente de finales del siglo XVI o comienzos del XVII, sobre el que se
añadió posteriormente, ya en época barroca, un programa decorativo en revoco de
cal con esgrafiado e inscripción devocional.
El muro de cierre se cierra sobre tres
cuatro pilares y sobre ellos se desarrolla una serie de tres arcos de medio
punto rebajados que configuran los paños interiores. El arco central, de mayor
desarrollo, enmarca el acceso y a ambos lados se concentraría el programa
decorativo. El paño de la izquierda se encontraba cubierto por un revoco
simulando ladrillo visto que ocultaba el esgrafiado. La cubierta ha permitido
la pervivencia de un revoco de cal durante más de cuatrocientos años.
Este tipo de solución, frecuente en la
Sierra de Béjar y en áreas próximas del norte de Cáceres, responde a una
arquitectura funcional, donde la piedra configura la estructura, mientras que
los acabados se resolvían mediante revocos de cal.
Imagen de www. verpueblos.com
El revoco
como soporte de significado
A diferencia de lo que hoy puede
percibirse, los muros de la ermita no estaban concebidos para mostrarse en
piedra vista. Lejos de ser un acabado secundario, el revoco constituía la
verdadera piel del edificio, y cumplía una doble función:
- técnica,
protegiendo la fábrica frente a la humedad
- estética y simbólica, al servir de soporte para inscripciones y
decoración.
En el paño central del pórtico se
desarrollaba un esgrafiado que combinaba texto e imagen en una composición
ordenada en bandas horizontales.
La
inscripción: tipografía y contenido
La inscripción, hoy desaparecida, podía
leerse parcialmente y respondía a una fórmula devocional habitual:
“O VIRGO MARIA
I DE IOSEPH
AÑO DE 16…”
El uso de “IOSEPH” en lugar de “José”
indica una grafía de raíz latina, frecuente en la epigrafía de los siglos XVII
y XVIII. La tipografía es de mayúsculas capitales de trazo sencillo, sin
apenas desarrollo ornamental, lo que sugiere una ejecución por parte de un
maestro local más que de un taller especializado.
Las letras se organizaban siguiendo
líneas de pauta marcadas en el propio revoco, lo que evidencia un trabajo
planificado, aunque de carácter artesanal. La composición es equilibrada, con
un eje central claro y una distribución regular del texto bajo el arco.
La presencia de la fórmula “AÑO DE…”
permite situar la intervención en un momento concreto, aunque la cifra final no
se conserve. No obstante, por tipología y contexto, puede adscribirse con
bastante probabilidad al último tercio del siglo XVII.
La cenefa:
geometría y tradición popular
Bajo la inscripción se disponía una
cenefa decorativa realizada mediante esgrafiado, compuesta por una sucesión de
cuadrados en cuyo interior se desarrollan rosetas de cuatro pétalos.
Reconstrucción de la decoración que existió en el muro.
Este motivo, de raíz geométrica, es característico
de la arquitectura popular de la Sierra de Francia y la Sierra de Béjar aunque los
cruces en damero son más abundantes en Extremadura. Su ejecución responde a la
técnica tradicional de dos capas de mortero de cal, donde la capa superior se
raspa para dejar ver el color inferior.
La repetición modular de las rosetas responde
a un sistema decorativo aprendido y transmitido dentro del propio oficio y genera
una banda continua que ordena visualmente el paramento y refuerza la
horizontalidad de la composición. Podemos entender que manteniendo la simetría
de la fachada se repetiría al lado izquierdo.
Un
lenguaje compartido en el territorio
El esgrafiado de Horcajo de Montemayor
no es un caso aislado, sino que forma parte de un lenguaje decorativo extendido
por el sur de Salamanca. Ejemplos similares pueden encontrarse en localidades como
La Alberca, Miranda del Castañar o Mogarraz, donde la cal y el esgrafiado
constituyen elementos esenciales de la identidad arquitectónica.
Estos motivos, transmitidos a través del
oficio de los albañiles, configuran una tradición en la que la decoración no es
un añadido superfluo, sino una expresión más del sistema constructivo en el que
se intuye una voluntad de dignificación estética del edificio.
Consideración
final
Aunque el esgrafiado ya no se conserva,
las imágenes recogidas en los años noventa, junto con su documentación
posterior, permiten reconocer la importancia que tuvieron los revocos de cal
como soporte de expresión en la arquitectura rural. En ellos se combinaban
técnica, devoción y oficio, dando lugar a superficies que no solo protegían el edificio,
sino que también transmitían significado.
Reconstrucción (IA GPT) del aspecto que tendría en su ejecución
La ermita de Horcajo de Montemayor sigue
siendo hoy un ejemplo valioso de arquitectura tradicional. Y aunque su aspecto
haya cambiado, el recuerdo de aquel esgrafiado permite entender mejor cómo
fueron, durante siglos, los muros encalados de este territorio, donde la cal no
solo protegía, sino que también daba forma a la arquitectura





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