MUROS DE PIEDRA: CUÁNDO ES UN ERROR DEJAR LA PIEDRA VISTA
Muros
de piedra: cuándo dejarlos vistos y cuándo revocar en rehabilitación
En los últimos
años se viene realizando un error sistemático cada vez más habitual en obras de
rehabilitación: dejar la piedra vista allí donde aparece, como si fuese siempre
la opción más acertada. Se eliminan revocos antiguos, se pican juntas
tradicionales y se rehacen con morteros modernos, buscando una estética
“rústica” que, en muchos casos, poco tiene que ver con la realidad constructiva
original.
Conviene
decirlo con claridad: no todo muro de piedra fue concebido para quedar visto.
Y, en no pocas ocasiones, descubrir la fábrica supone empobrecer el edificio,
tanto desde el punto de vista técnico como desde su lectura histórica.
Por
qué se revocaban los muros de piedra
Buena parte de
los muros tradicionales de mampostería presentan una ejecución irregular:
piezas de distinto tamaño, escasa planeidad y abundantes oquedades entre los
mampuestos. Esta condición no es un defecto, sino una consecuencia lógica de
los medios y del material disponible en cada lugar.
Precisamente
por ello, el revoco cumplía una función esencial. No era un simple acabado,
sino una capa de regularización, protección y, en muchos casos, también de
expresión arquitectónica. Un revoco de cal permitía unificar el plano, proteger la fábrica
frente a la acción directa del agua y mejorar el comportamiento higrotérmico, facilita la escorrentía, y la capilaridad, es el material de sacrificio conservando la piedra y facilita la transpirabilidad. Tanto en obra nueva como en la rehabilitación tradicional con mampostería.
Eliminar ese
revoco sin criterio equivale, en muchos casos, a despojar al muro de una parte
fundamental de su funcionamiento. A desollar las paredes.
Rejuntado
de piedra: cal frente a cemento
En los casos
en que la piedra vista era intencionada, el tratamiento de las juntas respondía
también a una lógica constructiva precisa. Los morteros empleados eran,
preferentemente, de cal, por su mayor compatibilidad con la fábrica, su menor
rigidez frente a las deformaciones del muro y su mejor comportamiento frente a
la humedad, permitiendo su evacuación sin generar tensiones.
Frente a ello,
es frecuente hoy encontrar rejuntados con morteros de cemento, excesivamente
rígidos y ajenos al comportamiento del conjunto. El resultado es conocido:
fisuración, desprendimientos y, en no pocas ocasiones, una imagen artificial,
con juntas demasiado marcadas que terminan por dominar visualmente la fábrica.
La junta
tradicional no buscaba protagonismo; acompañaba al muro.
Errores
habituales al dejar la piedra vista en rehabilitación
La decisión de
dejar la piedra vista en un muro debe responder siempre a un análisis previo:
tipo de fábrica, estado de conservación, presencia de acabados históricos y
contexto arquitectónico.
Sin embargo,
con frecuencia se impone un criterio puramente estético. Se eliminan revocos
tradicionales y se rehacen juntas con morteros de cemento que retienen la humedad en el muro, son más heladizos, aportan sales y con las dilataciones tienen a desprenderse quebrando las aristas de los sillares, debemos atender al correcto funcionamiento del muro.
El resultado
es una distorsión: muros que nunca estuvieron pensados para quedar vistos se
exponen sin protección, mientras que otros se alteran con soluciones
incompatibles que desvirtúan su lectura.
Ni todo revoco
es prescindible, ni toda piedra merece quedar a la vista.
Ejemplos
de muros de piedra: soluciones tradicionales y errores
Los siguientes
casos permiten leer distintas soluciones tradicionales y errores habituales en
el tratamiento de muros de piedra:
- Salamanca. Mampostería con reparación de
rejuntado encintado ejecutado en 1986 con mortero bastardo. Solución
eficaz y de fácil mantenimiento. (Caserón
de los Jesuitas)
- Salamanca. Muro de ladrillo cara vista con
rejuntado encintado. Aporta relieve y mejora la impermeabilidad. En las décadas de 1950 y 1960.
Calle Martín Pérez (Salamanca). Edificio de los años 60 con elementos de sillería y entrepaños de mampostería. El rejuntado encintado realzado contribuye a la estanqueidad del conjunto.
- Villagonzalo. Muro mixto de sillería y
mampostería de gran tamaño, protegido mediante rejuntado enrasado de
mortero de cal, que mantiene buen comportamiento con el paso del tiempo.
- Villar de Peralonso. Mampostería con mortero rico en
cal, cuya carbonatación ha consolidado el rejuntado, logrando un resultado
duradero y coherente con la fábrica.
- Cepeda (iglesia). Sillería con rejuntado encintado
fino realzado y encalado. Se conserva en mejor estado en zonas altas
protegidas, mostrando su eficacia frente a soluciones más recientes.
- Saelices el Chico. Intervención reciente con
rejuntado de mortero de cemento en mampostería de granito. La solución
altera la lectura del muro, genera tensiones incompatibles y acabará
deteriorando la fábrica, frente a los rejuntados tradicionales de cal aún
conservados en zonas protegidas.
En todos ellos
se pone de manifiesto una misma idea: la apariencia final de un muro no puede
desligarse de su lógica constructiva.
Conclusión:
criterio antes que estética
Recuperar la
piedra vista no es, por sí mismo, restaurar. En muchos casos, es simplemente
modificar —y a veces deteriorar— el comportamiento y la imagen del edificio.
El oficio
tradicional se apoyaba en soluciones probadas, compatibles con el material y
adaptadas al entorno. El revoco y los morteros de cal forman parte de ese saber
hacer.
Conviene recordarlo: antes de decidir cómo debe verse un muro, hay que entender cómo fue pensado.
El problema no es la piedra vista, el problema es intervenir sin entender el muro
El muro no
necesita gustar: necesita funcionar.








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